jueves, 11 de junio de 2015

AMBIGÜEDAD.

Todo el tiempo estoy fumando, constantemente me reviso el pelo y sí, en efecto, apesto a decepción.
Las horas pasan sin que yo me dé cuenta, sin que nadie se dé cuenta. La música suena. Todos bailan. No sé quién es quién, igual me toman por la cintura y me muevo al ritmo del cuerpo extraño pero yo no veo a nadie más que a él, a lo lejos, tomando otra cintura y embriagándose en otros labios, sonríe como si el mundo se encontrara en esos brazos y quizá así sea.
Doy otra calada, el cuerpo extraño se acerca y huele mi cabello, dice que huele bien y yo solo puedo pensar en la vida de mierda que debe tener para no darse cuenta de mi decadencia. 
Cambio de brazos, intenta besarme, cambio de brazos, me pierdo. Doy vueltas y soy y no soy.
Ahora estoy en la oscuridad recitando poesía de ausencias y me siento la sombra clavada en la pared como cuadro chueco. Oscuridad lechosa, constante, cegadora, palpitaciones en las sienes, en las pupilas, en el sur del cuerpo, en el centro. 
Me auto censuro, me mimetizo con los escombros pero siguen recurriendo a mí, soy un lugar común.
¿qué haría yo sin ti? ¿qué haría sin lo efímero y lo vulgar? ¿qué haría yo llegando a tiempo a todos lados?
Eres mi decepción favorita.
Hablo de la pertenencia y la permanencia, no puedes quedarte, ya lo sé, pero ingenuamente desde el otro rincón espero que te quedes y seas mío.

Hoy me leyeron la mano. No estas en ella. En ninguna intersección, en ninguna cruz, ni si quiera por equivocación escondido detrás de algún recondito lunar.


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